PAUL
Paul tiene 38 años y corre desde hace 10. Nueva York faltaba en su palmarés. Nos cuenta cómo se preparó para esta prueba mítica.

¡Para la maratón mas grande del mundo hay que prepararse!
“La Maratón de Nueva York es ineludible. Ya he corrido 9 maratones y 2 maratones de las Arenas, pero cuando me preguntaban por la de Nueva York, tenía que responder que no. Entonces, decidí hacerlo con mi club. Si uno quiere inscribirse por libre, es una verdadera carrera de
obstáculos que sólo acaba con un golpe de suerte si hay mucha demanda. Con dos millones de espectadores a lo largo del recorrido y más de 315 millones de elespectadores por todo el mundo, sinceramente, impresiona.
Mi objetivo era correr durante 3 horas. Yo mismo diseñé
minuciosamente un programa de entrenamiento de 9 semanas. Las dos primeras semanas, trabajé principalmente la velocidad en pista; cinco horas a la semana fraccionadas de este modo: 800 m de carrera de fondo seguidos de 400 m de trote. ¡Eso 10 veces seguidas! De las cinco sesiones, una duraba más de 3 horas para habituar el organismo
al “muro” de los maratonianos.
Siempre me acompañaban dos compañeros inseparables: el pulsómetro, para verificar mi frecuencia cardiaca durante los 400 m de recuperación y mi Compex, con la función “Recuperación” para después de cada sesión intensa. En otra ocasión, también recurrí a mi electroestimulador: cuando sentí inestabilidad en el tobillo. No quise correr riesgos y cambié el entrenamiento por una sesión de una hora de musculación con el Compex.
Las cuatro semanas siguientes, trabajé la resistencia aeróbica con sesiones más largas y menos rápidas, siempre en pista. También durante esta fase, me impuse una salida de más de 3 horas en plena naturaleza, completé un programa de "capilarización", siempre para acostumbrarme a pasar ese famoso “muro”. Esta precaución resultó ser muy beneficiosa porque “el dia D”, la fragilidad no duró más de 4 ó 5 minutos y mi cuerpo se recuperó sólo.
Y después, el sueño. Es imprescindible dormir bien, pero después de un entrenamiento intenso no es nada fácil conciliar el sueño. Como trabajaba al mismo tiempo, no tenía elección. Lo más difícil es ser previsor para llegar a estar lo más en forma posible en la línea de salida.
Para retomar mi entrenamiento “casero”, las tres semanas siguientes las dediqué a hacer footing de mantenimiento unas tres o cuatro veces por semana. Así ya me sentía bien y pensé a menudo en cambiar de nuevo el entrenamiento, pero lo más importante en esta fase que precede a la carrera es regenerarse, retomar las fuerzas... Tiene que ser casi de reposo.
En ese momento fue cuando más valoré las funciones "Capilarización" y “Masaje” de mi Compex. ¡Me sentía tan ligero! También lo utilicé regularmente, cinco veces a la semana, para
reforzar la musculatura sin cansarme. ¡Y eso es genial!
Al fin, llegó el gran día. Un radiante sol de otoño iluminaba el Puente de Verrazano, donde tenía lugar la carrera. Tras el tradicional himno americano, el pistoletazo de salida se produjo a las 10:10 horas. ¡Éramos casi 40.000 participantes! A la salida de Brooklyn y en Central Park comenzó la locura. No recuerdo haber visto jamás un ambiente parecido. Un pequeño pasaje del Bronx donde conocí mi vía crucis. Vuelta a Manhattan. Los últimos kilómetros en Central Park bajo los aplausos de una multitud digna de un gran acontecimiento. Terminé el recorrido en 3 horas y 12 minutos.
¡Pero lo más importante de la preparación de una maratón se encuentra en nuestra cabeza!
Durante cinco meses, había puesto pegatinas de la Maratón de Nueva York en mi cuarto de baño, en mi despacho, en mi coche, ¡e incluso encima de mi cama! No me la podía quitar de la cabeza. Puedo decir que cuando se desea algo con mucha fuerza, incluso si es difícil, al final acaba pasando.”
















